• May 30, 2022

Economistas vaticinan que no habrá una recesión global pero sí un crecimiento más lento y una alta inflación

Economistas vaticinan que no habrá una recesión global pero sí un crecimiento más lento y una alta inflación

Economistas descartan una recesión global inminente pero vaticinaron que sí habrá un aumento de los costos y un crecimiento económico más lento.

“No habrá un ‘después’ repentino de la estanflación”, manifestó Simon Baptist, economista jefe de The Economist Intelligence Unit, citado por CNBC, en referencia a una posible recesión sorpresiva.

A medida que el conflicto en Ucrania y las interrupciones logísticas por la pandemia continúan causando estragos en las cadenas de suministro, la estanflación, marcada por un bajo crecimiento y una alta inflación, se mantendrá “durante al menos los próximos doce meses”, auguró el experto.

Asimismo, señaló que los precios de las materias primas comenzarán a descender a partir del próximo trimestre, pero se mantendrán más altos que en el periodo previo al conflicto en Ucrania “por la sencilla razón de que los suministros rusos de muchas materias primas se reducirán permanentemente”.

Por otro lado, Baptist aseguró que “para casi todas las economías de Asia, una recesión es bastante improbable, si estamos hablando de períodos sucesivos de PIB negativo”. Incluso si la economía mundial corre el riesgo de una recesión, muchos consumidores tienen amplios ahorros y se han abastecido de bienes duraderos para el hogar, agregó. “Entonces, hasta cierto punto, no se sentirá tan mal como se ven los números inmediatos”, concluyó.

Por su parte, el economista en jefe de AMP Capital, Shane Oliver, no percibe un peligro de recesión en al menos otros 18 meses. No obstante, advirtió que “cuanto más tiempo se mantenga alta la inflación, más se preocupan los mercados de inversión de que los bancos centrales no puedan controlarla sin provocar una recesión”.

En esa línea, la asesora económica de la consultora Capital Economics, Vicky Redwood, remarcó que confiaba en que los bancos centrales podrían reducir la inflación sin provocar una baja en la actividad económica, señalando que los aumentos de tasas planificados en Europa y EE.UU. deberían ser suficientes para que la tasa de inflación vuelva a la proyectada por las instituciones financieras.

 

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