• May 21, 2022

Alerta roja en el Sahel: 18 millones de personas pueden sufrir un hambre extrema

Alerta roja en el Sahel: 18 millones de personas pueden sufrir un hambre extrema

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios advirtió este viernes que hasta 18 millones de personas en la región africana del Sahel se enfrentarán a una grave situación de inseguridad alimentaria en los próximos tres meses, la cifra más alta desde 2014.

Sobre la gravedad de esta situación dio la voz de alarma el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios y Coordinador del Socorro de Emergencia de las Naciones Unidas, quien explicó que familias enteras se encuentran “al borde de la inanición”.

Martin Griffiths calcula que 7,7 millones de niños menores de 5 años sufrirán problemas de desnutrición, de los cuales 1,8 millones ya están gravemente desnutridos. De no incrementarse las operaciones de ayuda, esta cifra podría escalar hasta los 2,4 millones a finales de año.

Griffiths explicó que se ha llegado a esta situación tras “una combinación de violencia, inseguridad, extrema pobreza y precios de alimentos que alcanzan niveles récord”. Añadió que “el reciente aumento de los precios de los alimentos debido al conflicto entre Rusia y Ucrania amenaza con convertir una crisis de seguridad alimentaria en un desastre humanitario. Si no actuamos ahora, la gente morirá”.

Cuatro países al límite: Burkina Faso, Chad, Malí y Níger

La situación ha alcanzado niveles alarmantes en cuatro países del Sahel: Burkina Faso, Chad, Malí y Níger. En esos países, se prevé que 1,7 millones de personas sufrirán niveles de inseguridad alimentaria que alcanzarán la categoría de emergencia durante el periodo entre cosechas entre junio y agosto.

Este nivel de urgencia describe una situación en la que los hogares experimentan “grandes carencias” en el consumo de alimentos y altos niveles de desnutrición aguda y de muertes, y en la que las familias se ven obligadas a vender sus utensilios de labranza y otros bienes que necesitan para mantener sus vidas y medios de subsistencia.

Tal y como anunció ayer el Secretario General, António Guterres, en respuesta a esta crisis, la Oficina liberó 30 millones de dólares de su Fondo Central de Respuesta a Emergencias para los cuatro países, incluyendo seis millones para Burkina Faso y ocho millones para Chad, Mali y Níger.

Desde principios de año el Fondo ha destinado casi 95 millones de dólares a la crisis alimentaria en el Sahel. Ese monto incluye las recientes asignaciones para Mauritania (cuatro millones de dólares) y Nigeria (15 millones de dólares).

Por último, Griffiths destacó que “no hay tiempo que perder”.

“Hay vidas en juego. Esta inyección de dinero ayudará a los organismos sobre el terreno a ampliar la respuesta de emergencia para evitar una catástrofe. Sin embargo, no sustituye a las contribuciones más importantes que necesitamos de los donantes para mantener nuestra respuesta y ayudar a construir comunidades resistentes”.

A principios de este año, la comunidad humanitaria lanzó seis llamamientos humanitarios para el Sahel por un total de 3800 millones de dólares que buscan proporcionar ayuda para toda la región durante este año. La financiación obtenida a finales de mayo es inferior al 12%.

Inmensas obligaciones, fondos bajo mínimos

El Programa Mundial de Alimentos, por su parte, detalló que las necesidades son “enormes”, pero que los recursos han “tocado fondo”.

  • En las zonas de difícil acceso y de mayor inseguridad alimentaria de Burkina Faso, las raciones son actualmente del 75% y en otras áreas se reducen a la mitad
  • Los bajos niveles de financiación en el Chad han obligado al Programa a reducir las raciones de emergencia para los desplazados internos y los refugiados al 50% desde junio de 2021. Si no se reciben más contribuciones, a principios de julio se interrumpirá la ayuda de transferencias en efectivo para los refugiados y los desplazados internos
  • En Mauritania, el Programa distribuirá asistencia limitada a los refugiados en el campamento de Mbera

Del mismo modo, destacó que la situación se agrava a medida que se acerca la temporada anual de carestía que se extiende de junio a septiembre donde prevé proporcionar asistencia a más de 7,15 millones de personas.

  • En comparación a 2021, el número de personas en situación de inseguridad alimentaria en Mali, Mauritania y Níger ha aumentado un 41%, un 82% y un 91%, respectivamente

Y la población también acusa de forma más pronunciada la convergencia de crisis.

  • La región vive una de sus peores sequías desde 2011, mientras que la falta de fertilizantes por el conflicto de Ucrania podría comprometer la recuperación de la producción agrícola en 2022
  • Antes del conflicto en Ucrania los precios de los víveres ya sufrieron fuertes subidas, pero su impacto en las cadenas mundiales de suministro de alimentos, combustibles y fertilizantes aumentan aún más los costos de la comida. En marzo, los cereales se encarecieron en Burkina Faso un 50% en comparación con la media de los últimos cinco años
  • El porcentaje de personas que viven con menos de 1,90 dólares al día en toda la región de África Occidental aumentó un 3% en 2021 debido al impacto socioeconómico del COVID-19

“Nos estamos quedando sin comida”

Abderahmane Ould, un pastor casado y con seis hijos de ocho a veintidós años que vive en la región mauritana de Hod el Chargui, cerca de la localidad de Néma, indicó las dificultades que padece.

“Debido a la sequía del año pasado nos estamos quedando sin comida. Para conseguir dinero con el que comprar comida tengo que vender mi ganado, pero como tampoco puedo alimentarlo bien porque no tengo suficiente forraje, mi ganado está débil y tengo que venderlo por menos”.

Ould añadió que “con este dinero, voy al mercado a comprar comida para mi familia, pero los precios siguen subiendo, el costo del aceite se ha duplicado con creces, y el tamaño del pan ha disminuido mientras ha aumentado su importe. Para salir adelante tendré que endeudarme con los comerciantes, de lo contrario, no podré alimentar a mi familia, tengo que ofrecerles al menos una comida al día”.

Una situación que también afectó a al panadero de su pueblo que se vio obligado a cerrar su comercio “ya que no podía llegar a fin de mes con el aumento de los precios, así que se fue a buscar trabajo a las grandes ciudades. Para conseguir pan, ahora tenemos que ir al mercado de la ciudad que está a 10 kilómetros a pie”.

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